En una extensa y reflexiva entrevista brindada en el programa “Sueños y Sonidos” por Radio 10 Mar del Plata, Aldo Albarracín desplegó una crítica profunda hacia la situación social, política y comunicacional actual del país, centrando su análisis en la necesidad de reconstruir el tejido comunitario desde los valores de la empatía, la justicia social y el compromiso barrial.
Entrevista emitida completa
Durante su intervención, Albarracín planteó una visión crítica sobre ciertos sectores del periodismo actual, a quienes acusó de haber abandonado su rol social para alinearse con intereses corporativos. “Una parte del periodismo ha cerrado un trato con los poderes fácticos y el Poder Judicial”, expresó, señalando que estos comunicadores “han dejado de ser periodistas para convertirse en mercaderes del horror, de la crueldad, justificando cualquier cosa en nombre del interés empresarial”.
En ese marco, lamentó la pérdida de sensibilidad frente al sufrimiento ajeno. “Se han olvidado del prójimo”, afirmó, al tiempo que agradeció a aquellos comunicadores sociales que “todavía dan espacio para visibilizar el padecimiento del otro”.
El dirigente hizo hincapié en el uso estratégico de la agenda mediática por parte de ciertos sectores del periodismo que, según denunció, “evalúan qué temas pueden sensibilizar a la sociedad y cuáles conviene evitar para no comprometer al gobierno nacional”. Ejemplificó con los conflictos de los trabajadores del Hospital Garrahan o los de La Salada, y cuestionó la postura de algunos medios que “cuidadosamente eligen dónde no tocar”.
El abandono de los barrios y las deudas estructurales
Al referirse a la situación local, Albarracín fue especialmente duro con la gestión municipal del intendente Guillermo Montenegro. Denunció el abandono de numerosos barrios periféricos de Mar del Plata y la falta de infraestructura básica: “No hay cloacas en el autódromo, no hay agua corriente en Parque Hermoso, y hace seis años que no se realiza una obra pública municipal que resuelva estas cuestiones”.
“Montenegro le ha puesto cartel de remate a la ciudad”, sentenció, acusándolo de tener una gestión orientada exclusivamente a la privatización del espacio público y sin sensibilidad territorial o social.
La falta de agua potable, cloacas, electricidad segura y salitas de salud en los barrios fueron ejes constantes en su diagnóstico. Albarracín advirtió que estas carencias no sólo reflejan desigualdad, sino que también representan focos de futuros problemas sanitarios graves. “Hay que volver a lo natural —dijo—: agua corriente, cloaca, electricidad bien”.

El rol de la Provincia y el abandono del Estado Nacional
En contraposición al panorama nacional, marcó la gestión del gobernador Axel Kicillof como una excepción positiva. “Se planteó ser un escudo en la provincia de Buenos Aires”, valoró, subrayando que la administración provincial sí está presente con inauguraciones de escuelas, centros de salud y asistencia alimentaria.
Destacó particularmente el trabajo conjunto entre la Provincia y cooperativas de trabajo para resolver necesidades urgentes, como la instalación de cloacas en barrios como Nuevo Golf. “Eso nadie lo dice, pero también es obra pública, y es esencial”, insistió.
“Hace más de 50 años que después de Champagnat hay ciudad”
Con una mirada centrada en su historia personal, Albarracín describió cómo creció “atrás del hospital regional” y reclamó una planificación urbana con verdadera inclusión. “Hay vecinos, hay comunidad, y es hora de dejar de pensar que la ciudad termina en Champagnat”, afirmó.
Propuso como tarea urgente escuchar a los vecinos, elaborar propuestas concretas desde el Estado municipal y distribuir los recursos de manera equitativa. “No es que estamos pidiendo lujo —aclaró—, estamos pidiendo que se viva mejor, con servicios básicos”.
“El pueblo sigue siendo solidario, pero vivimos anestesiados por las pantallas”
En un tramo reflexivo de la entrevista, Albarracín abordó el deterioro del vínculo social cotidiano. “Antes sabías si tu vecino cumplía años, si alguien estaba enfermo, porque nos juntábamos en la sociedad de fomento o en el club. Hoy, muchas instituciones barriales se han vaciado, y los clubes han pasado a ser depósitos de pibes”, lamentó.
Apuntó a las nuevas tecnologías como una de las causas de esa desconexión social: “Antes había una pantalla en casa, hoy hay cinco. Vivimos en una ansiedad que no nos deja pensar en el otro”.
La crueldad como política y la necesidad de recomponer la comunidad
Albarracín fue contundente al hablar sobre la situación nacional: “Hoy gobierna la crueldad. El presidente castiga, y el intendente parece competir para ver quién es más cruel”. En ese contexto, consideró imprescindible “volver a reconstruir la comunidad, desde el saludo al vecino hasta la participación en las cooperadoras”.
También criticó el deterioro de las condiciones de vida para los trabajadores. “Un laburante que trabaja 12 o 14 horas no llega a fin de mes, y además pierde tiempo con su familia y su comunidad. Eso está mal”, expresó, remarcando que la falta de tiempo y recursos erosiona los vínculos humanos y genera aislamiento.
Volver a mirar al otro
La reflexión de Albarracín no fue sólo una crítica a los gobiernos o a los medios, sino una invitación a recuperar la conciencia social desde lo cotidiano: el barrio, el club, el saludo al vecino, el compromiso con la comunidad.
“No se puede ser plenamente feliz si uno sabe que al lado hay alguien que pasa hambre”, dijo con honestidad. Y cerró con una convicción que marcó toda su intervención: “La solución está en volver a reconocernos como parte de una comunidad. Desde ahí, todo lo demás se puede construir”.
